La mayoría se muestran más abiertas a apostar por la innovación y la formación para mantener el negocio. Solo en Castellón, el 94% de las firmas tiene menos de nueve trabajadores, solo un punto por debajo del 2008.
21/06/2010 RAQUEL GÓMEZ
Las empresas familiares continúan tirando del carro de la economía provincial en plena crisis. Así se desprende de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que demuestran que el 93,96% del tejido empresarial castellonense se forma gracias a firmas con menos de 10 trabajadores, lo que se considera dentro del espectro de las sociedades familiares. No obstante, esta cifra ha descendido respecto al 2008, cuando representaban un 94,75% del total de las sociedades.
En total, Castellón cuenta con 42.122 empresas, de las que solo 5.082 tienen más de 10 trabajadores. Además, la provincia solo tiene cuatro firmas de entre 1.000 y 4.999 asalariados, pero ninguna con más de 5.000. Teniendo en cuenta esta situación, desde el Instituto Valenciano para el Estudio de la Empresa Familiar (Ivefa) han realizado un estudio que analiza el estado del sector, concluyendo que la empresa familiar es la que “tira de orgullo en plena crisis”, puesto que es el sostén de la economía castellonense y “en tiempos de crisis –al igual que siempre– da la cara”.
El presidente del Ivefa, Mario Mariner, considera que es esencial que además de adoptar una serie de medidas macroeconómicas y tributarias que den estabilidad al sistema y eviten la especulación, “hay que identificar qué cambios deberían instaurarse en la sociedad para que, a su vez, repercutan favorablemente en nuestra economía”, afirma.
RIESGO // Según Mariner, “las empresas familiares nos encontramos con que un elevado número de propietarios no tienen más remedio que poner en juego su patrimonio personal para favorecer su continuidad, siempre con una actitud de capital paciente, esto es, sin esperar una rentabilidad de la inversión con expectativas cortoplacistas”, algo “muy poco valorado”, según indica.
No obstante, las empresas familiares están empezando a tomar conciencia de que en un mundo cada vez más globalizado es esencial ganar tamaño para poder competir. Por este motivo, también reclaman la adopción de políticas activas que fomenten el redimensionamiento de las pymes familiares, en cuanto a su capitalización y capacidad de inversión, disponibilidad de recursos humanos y materiales y a su volumen de negocio.
Además, la firma familiar tiene un talón de aquiles propio, el relevo generacional, el momento en el que muchas mercantiles se ven abocadas al cierre. Con lo cual, las sociedades se enfrentan no solo a este reto, sino también al incremento de su dimensión, la profesionalización, una permanente innovación tecnológica e industrial y la internacionalización. Desde el Ivefa señalan que se ha avanzado mucho en innovación e internacionalización, pero todavía “queda mucho camino por recorrer”, según Mariner.
Y es que, otros estudios relacionados con la cuestión señalan que se ha dado un enorme cambio en la mentalidad de estas pequeñas empresas. Ahora se muestran más abiertas que nunca a la apuesta por un cambio de concepción del negocio para mantenerse a flote. Además, dentro de esta idea se encuentra la formación de los descendientes como elemento básico para dar continuidad a la firma así como la apertura a nuevos mercados y la exportación, líneas imprescindibles –según el Ivefa– para que las pymes puedan sobrevivir.
Por otro lado, para conseguir algunos de estos puntos es necesaria la financiación. Un tema delicado para la mayoría de empresarios, que reclaman más ayudas de las instituciones para conseguir un acceso al crédito.
En este sentido, también critican la futura subida del IVA –en menos de dos semanas– porque “perjudica la competitividad”.
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