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Gestionando en una empresa de primos. (Pinturas Isaval)

18 Enero 2016 Escribir un comentario

Pinturas Isaval

 

Cenaba con unos amigos y uno me pregunto cómo era gestionar una empresa familiar con primos. Partiendo de que él había dejado de trabajar en una empresa con sus dos hermanos, estar en una Empresa Familiar y con primos le sonaba a problemas.

 

Sinceramente, le dije que muy bien. Llevo 21 años trabajando en Isaval y estoy muy orgulloso de lo que hemos hecho como familia y como empresa.

 

Isaval fue fundada en 1968 por tres hermanos con 65.000 pesetas prestadas. Nuestro negocio absolutamente maduro, la pintura, presente en todos los países, difícilmente exportable, fácil de entrar, sin barreras importantes en el inicio y centrada en el sector de la construcción. O sea, todos los ingredientes para que, con la situación de crisis de los últimos años, fuese una historia de fracaso o problemas. Sin embargo, nuestra empresa no ha dejado nunca de crecer, incluso en estos últimos años.

 

2015 lo terminamos con casi 37 millones de euros de facturación, damos empleo a más de 225 personas, tenemos unas instalaciones productivas de vanguardia,  30 centros de distribución propios y dos delegaciones comerciales fuera del país y el 30% de la facturación es exportación. Un crecimiento del 50% entre 2007 y 2015.

 

Después de los años, las tres familias continúan en la empresa en la misma proporción que empezaron en aquel lejano 1968, al 33%, y la siguiente generación llevamos incorporados desde hace 21 años. 4 de los 8 primos estamos incorporados en diferentes áreas del negocio.

 

Pronto haremos 50 años como empresa, y creo que Isaval es una historia de éxito tanto en su faceta empresarial como en la familiar. Es difícil decir cuáles son las variables del éxito, no es fácil encontrar una única.

 

Creo que lo principal que nos ha hecho llegar hasta aquí es pensar que siempre la empresa es lo primero. Hay que darle al negocio lo que el negocio necesita en cada momento, poniéndolo por delante a cualquier interés personal de los que lo componemos. Si a le empresa le va bien a todos nosotros nos irá bien.

 

Como familia lo más importante es el respeto. Es la palabra fundamental de nuestra filosofía, todos hacemos lo máximo en nuestro cometido y respetamos al máximo lo que hacen los demás. Así la generación de los fundadores es respetada en lo que hicieron, y la de los continuadores en lo que estamos haciendo actualmente. Cada hermano fue respetado en su cometido y cada primo lo es actualmente. Y cualquier decisión tomada al final es una decisión de todos y vamos con ella como si fuera propia.

 

Si me preguntan si en estos años ha habido fricciones, pues evidentemente sí. No podemos tener una opinión única y eso es lo que nos hace fuertes. Diferentes visiones con un mismo fin. Cada miembro de la familia tiene su propia visión, y así en la transición entre generaciones hubo fricciones y entre los miembros de la generación actual hay opiniones en ocasiones divergentes. Pero cuando se parte de la experiencia de que todos buscamos lo mejor para la empresa y al final para la familia, se buscan puntos de encuentro, que son más fáciles de encontrar al aderezarlos con el cariño que existe por ser familia.

 

Tenemos Protocolo familiar desde hace 15 años. El Protocolo fue importante desde el punto de vista que nos obligó a, como familia, reflexionar sobre lo que queríamos como empresa y cómo lo íbamos a hacer. Para su elaboración participamos toda la familia: padres, madres y todos los primos y nos dotamos de un marco que como los buenos contratos no ha tenido que ser leído desde entonces.

 

En esa reflexión que supuso el Protocolo Familiar se acordó lo que considero que es una de las patas fundamentales del futuro: la profesionalización. La empresa no puede ser en modo alguno ese sitio que por el mero hecho de ser familia nos permita estar. Como dije anteriormente, la empresa es lo primero y hay que darle lo que necesita, y lo primero que necesita son buenos profesionales. Es evidente que como toda empresa el inicio lo hacen unos emprendedores con mucha tracción sanguínea, mucho trabajo. Pero a medida que la empresa crece, debe tener directivos formados adecuadamente para el puesto. Si son familiares, mejor.

 

Por eso, nos marcamos unos mínimos para que un familiar pueda ser directivo en la empresa. Llegados a este punto y viendo que en un futuro cercano no tenemos esos perfiles para la continuidad de Isaval, hace unos años iniciamos un paso definitivo a la profesionalización de todas las áreas de la empresa, incluida la Dirección General pasando la familia a ocupar únicamente puestos en el Consejo de Administración.

 

Así, para concluir, al final la experiencia nos ha dicho que el futuro lo ganamos, con trabajo, respeto, cariño, poniendo el interés general por encima de los egos, y siendo profesionales. Gestionando la empresa y la familia al mismo tiempo, buscando el fin común de lo mejor para todos.  

 

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